lunes, 16 de noviembre de 2009

La defensa de la vida

Vivimos en una sociedad en la que se da una lucha constante entre la cultura de la vida y la cultura de la muerte. La “cultura de la muerte” considera de alguna manera o justifica la muerte de los seres humanos favoreciéndola incluso con determinados comportamientos y leyes. Considera la muerte de seres humanos como un bien al que se puede recurrir en caso de necesidad. Se ve la muerte como una solución aceptable ante determinados problemas o situaciones, menospreciando cierta formas de vida que aparentemente “no son rentables o viables”

En contraposición encontramos la “cultura de la vida” caracterizada por la defensa de la vida como derecho fundamental e inviolable de toda persona.

Centrándonos en el tema del aborto, de tanta actualidad en estos momentos, me declaro abiertamente defensora de toda vida desde la concepción, hasta la muerte natural, por ello me veo en el deber de señalar que:

La nueva ampliación que se quiere llevar a cabo de la ley del aborto, actuando de manera unilateral y creyendo defender y reconocer los “llamados derechos de la mujer”, tales como la evitación de traumas psicológicos, o riesgos del propio embarazo, no tiene en cuenta, la parte más débil, la del feto y su derecho a la vida, permitiendo lo que ellos llaman “interrupción del embarazo” queriendo con dicha expresión, esconder la dura realidad de dicha acción: el ejercicio de un acto violento que provoca la muerte de un ser vivo e indefenso.

Nadie tiene derecho a interrumpir la vida de ningún ser. Nunca un caso de difícil solución debe solucionarse mediante la provocación de un acto tan injusto.

Que una ley permita tal acción no implica que este sea moral, es decir que sea conforme con la dignidad de la persona. El aborto siempre será una injusticia en contra del más débil, en contra del que ya es un ser vivo y que por tanto tiene derecho a ser defendido.

Los cristianos creemos que Dios ha hecho al hombre responsable de acoger y de servir a la vida. Los políticos y la sociedad en general tienen cada vez más conciencia del derecho a la justicia y del derecho de toda persona a no ser condenado a la pena de muerte ¿por qué en cambio se tiene que aplicar al no nacido, que ya es un ser vivo? ¿Con que criterios la legislación puede decir a partir de qué semana el feto tiene derecho a la vida?

Creo que se debería de ofrecer a las mujeres en los momentos difíciles de la duda y con anterioridad a tal decisión un acompañamiento personal, una reflexión sobre los valores, medios humanos de protección y ayuda, que no les ofrece ni la frialdad de la ley ni los centros dedicados al aborto.

Es necesario que se dignifique y se proteja el valor de la maternidad, de la madre y del hijo, sea cual sea su situación

martes, 16 de junio de 2009

Horarios Nocturnos

No conozco algún padre que esté de acuerdo con los horarios nocturnos de sus hijos, en los días de salida. Se ha pasado en relativo poco tiempo de “a las diez en casa estés”, a comenzar la salida a las once y hasta las doce de la noche, para terminar más allá del amanecer en algunos casos. Como los juerguistas de otras épocas van cerrando locales para acceder a otros más trasnochadores y todo esto en jóvenes menores de edad en muchos casos.

Es hasta cómico contemplar a los adolescentes negociando con sus padres para conseguir un cuarto de hora más a cada fin de semana, con el único argumento de que a sus amigos ya les dejan y no van a volverse solos. No cuenta en absoluto el terror que por lógicas razones, esto produce en los padres que van a vigilar disimuladamente en los primeros tiempos, esperar despiertos la vuelta en los siguientes, para mas adelante pasar la noche en duermevela.

Entendemos que no es justo que los padres se sometan a este martirio, sin ninguna explicación razonable que podría ser la necesidad de estos horarios para conseguir algo provechoso en la formación del adolescente. Por el contrario los peligros son numerosos y en algunos casos trágicos como recientemente hemos conocido.

La pregunta podría ser: ¿Si la responsabilidad de la educación del menor es enteramente de los padres, y éstos unánimemente no están de acuerdo con esta forma de comportamiento nocturno de sus hijos, qué es lo que ha llevado irremediablemente a esta situación que se presenta hoy como irreversible?

La respuesta no es fácil ni única; pero mucho parece tener que ver con la cultura de la postmodernidad en la que estamos inmersos, donde cualquier tipo de autoridad, incluida la paterna, se ha socavado y el concepto de libertad se ha entendido como no sometimiento a regla alguna.

Aunque sea duro reconocerlo, los verdaderos culpables hemos sido los padres que aún sin la colaboración externa, deberíamos haber sabido organizarnos socialmente para que las cosas fueran como nosotros entendemos son más convenientes en la formación de nuestros hijos de la que, repito, somos los máximos responsables.

lunes, 8 de junio de 2009

El conflicto

El conflicto es una realidad en la vida humana. Ha existido, existe y existirá siempre. Allí donde estén dos o más personas en interacción pueden producirse discrepancias que den lugar al conflicto, generando tensiones y enfrentamientos que aumentan en atención a la duración del mismo, destruyendo o deteriorando las relaciones entre las partes y provocando enfrentamientos interminables.

El conflicto parte de las diferentes formas de entender un mismo acontecimiento y la no aceptación de las diferentes opiniones, considerando al otro equivocado, por lo que se justifica la defensa de la propia postura.

El conflicto no tiene edad, sexo ni clase social, afecta a todos. Existen fenómenos básicos en la mayoría de los conflictos: deseo de dominar al otro, necesidad de recursos económicos, defensa del territorio, defensa de valores, etc.

Kahueman y Tversky indican tres aspectos que dificultan la resolución de los conflictos, en primer lugar en un conflicto entre partes se sabe mucho sobre sí mismo y los propios argumentos y poco sobre los del otro, por lo que se tenderá a sobrevalorar los propios argumentos y se tenderá a imponer la propia versión.

En segundo lugar según Pondy las partes experimentan un sentimiento de hostilidad que se intensifica en función de la implicación emocional, lo que dificulta el tratamiento racional del conflicto.

La tercera dimensión que se observa en el conflicto, se refiere a la forma de expresarlo a través de conductas verbales y no verbales, generalmente agresivas que no solucionan el conflicto, sino que lo agravan.

La duración del conflicto, va produciendo una mayor implicación de las partes, haciendo que sea difícil retroceder. Se produce lo que denomina Pruitt y Rubín “el atrapamiento”, las partes no disponen de criterios para abandonar la situación, ni de límites respecto a su implicación en el conflicto y, al final lo que se cuestiona es la propia imagen.

Si por una parte existe la voluntad de cambio, está lo interpreta como positivo, pero la parte que lo rechaza lo interpreta como una amenaza, provocándole inseguridad.

Las partes en conflicto tienen la tendencia a no tener en cuenta la opinión del otro, a centrarse en su propia postura y a tratar al otro con desprecio. En esta situación, la comunicación normalmente será inadecuada, no se entiende al otro y resulta complicado obtener acuerdos.

jueves, 4 de junio de 2009

Elección de Centro Escolar


Todos los años, por estas fechas, muchas familias tienen que tomar la importante decisión de seleccionar colegio para sus hijos. Es su deber y es su derecho; en la elección se juegan nada menos que gran parte de su futuro humano y profesional.

Pero este derecho fundamental, consecuencia de los valores de pluralismo y libertad de nuestra sociedad, se encuentra frecuentemente condicionado, por la excesiva demanda hacia algunos centros y la escasa hacia otros. No salen las cuentas. Mientras unos no pueden satisfacer a todos los padres, en otros hay plazas en demasía. Esta ecuación han de resolverla los poderes públicos que están para cubrir las demandas legítimas de los padres, verdaderos responsables de la educación de sus hijos. Los deseos de los padres no son, fundamentalmente, puro capricho, lo que pretenden es lo mejor para sus hijos y el buen gobernante debe, en lo posible, satisfacer esos deseos.

La solución no pasa por limitar la capacidad de los centros de mayor aceptación, sino por el contrario permitir una ampliación de su oferta, aumentando el número de aulas concertadas; pero a la vez, sería muy oportuno hacer una profunda reflexión sobre la baja demanda de otros centros, con presupuestos superiores y con profesionales iguales o mejores, generalmente gestionados por la Administración.

No es momento de entrar en la trasnochada polémica de centros públicos y centros privados. La enseñanza solo es buena o es mala, y en este caso la valoración y aceptación la hace, como siempre, el cliente, es decir, los padres.

La Ley de Calidad de la Enseñanza, aprobada en el Parlamento anterior, y bloqueada exclusivamente por razones políticas, por el Gobierno actual, trataba de mejorar esta situación; pero en cualquier caso, repetiremos una vez más que el tema de la Enseñanza es lo suficientemente importante para un país, como para no sufrir los vaivenes de la política, y que un consenso lo más amplio posible entre las fuerzas políticas y sociales, es de urgente necesidad.

jueves, 28 de mayo de 2009

¿Impunidad en el menor?

Hace poco tiempo me contaban que un dependiente de Cádiz había sorprendido a un joven rayándole el escaparate de su tienda recién remozada. El muchacho, lejos de asustarse le espetó al dependiente. “Como llames a la policía te denuncio por malos tratos”. Hacía poco tiempo que en la puerta del Congreso de los Diputados un joven marroquí detenido por apuñalar a una turista comentó a la policía: “Bueno, como soy menor de 18 años no iré a la cárcel”

Se han elaborado leyes de protección al menor que tratan de defenderlo de malos tratos, abusos e injusticias, y esto ha sido bien acogido por la sociedad; pero desde la entrada en vigor de la Ley Penal del Menor, el 13 de enero del 2001, numerosas asociaciones e instituciones de todo tipo e ideología pidieron con urgencia una revisión de dicha ley, por entender que deja desprotegidas a las víctimas y prácticamente sin castigo a delincuentes y asesinos por el solo hecho de ser menores de edad. La ley sin ser mala, está en entredicho, entre otras razones, porque no se ha desarrollado el reglamento que facilite la interpretación y la ejecución de las medidas y no se han puesto todos los recursos económicos y personales para su desarrollo. Estas y otras consideraciones hacen que su aplicación sea complicada y el menor tenga la sensación de impunidad ante el delito.

Esta sensación de impunidad se ha trasmitido a muchos de nuestros jóvenes, cuando en su comportamiento diario, hacen uso o abuso indebido de los medios que los mayores ponen a su disposición, sin el más mínimo rubor ante la presencia de otras personas. Si llegado el caso se le hace alguna leve observación, lejos de sentir cualquier grado de culpabilidad, lo habitual es recibir una contestación despectiva, cuando no grosera. Parecen pensar: “Yo soy el centro del universo, y todo y todos están a mi servicio”. Esto coincide con los letreros a la entrada de una importante urbanización de nuestras proximidades: “Urbanización privada, absoluta preferencia de niños”.

Estas conductas vienen pues inducidas por la educación doméstica. Sería injusto achacarlo a la instrucción escolar donde son los propios profesores las primeras víctimas de esta situación. Los padres deben enseñar a los niños a defender sus derechos; pero simultáneamente deben recordarles desde pequeñitos que también tienen deberes que cumplir. El niño tiene obligación de obedecer a sus padres mientras permanezcan bajo su potestad y respetarles siempre (Art. 155.1 del C.C.) , de ir al colegio, de estudiar, de comportarse adecuadamente con los otros alumnos y profesores, de respetar a toda persona, en especial si es mayor, de cuidar las propiedades ajenas públicas o privadas, etc., etc., etc.

El imponer estas obligaciones, junto a las exigencias de sus derechos, no solo no traumatiza al niño, sino que le sirve para formarlo personal y socialmente y le ayuda a integrarse en la sociedad de una forma natural, sin disputas y porfías.

Buena parte de los padres actuales practican la permisividad como forma cómoda de contentar al hijo, cediendo a todos y cada uno de sus caprichos, convencidos de que es una fórmula de bondad, y por contra son capaces de salir en defensa de sus incorrecciones, con frecuencia de forma violenta. ¿No es esto educar en la impunidad?

domingo, 17 de mayo de 2009

Como evitar la ruptura de pareja

Toda ruptura de pareja, va precedida de pequeñas fisuras. La repetición de pequeñas fisuras origina una fisura de importancia y de difícil solución. Para evitar llegar a que hagan un daño irreparable, es preciso tomar conciencia de la existencia de las mismas, analizarlas y querer ponerle remedio.

Las fisuras más importantes tienen lugar en el campo afectivo, son estas las que más afectan a la sensibilidad de la pareja y las que más daño pueden hacer. Son más fuertes cuando la pareja se encuentra en la crisis de desarrollo y no es capaz de superar la fase de enamoramiento y entrar en la del AMOR. Quedarse en la fase de enamoramiento es quedarse solo con una dimensión de la persona, la de los sentimientos. Llegar a la fase del AMOR es abarcar las dos potencialidades de todo ser humano- sentimiento y voluntad- Ambas potencialidades son necesarias.

Cuando existe el Amor, puede darse una fisura en la pareja en la dimensión de los sentimientos, pero siempre permanecerá firme la voluntad de superar la fisura. En este caso, el amor no se ha acabado. Aunque se haya roto algo entre los dos, el amor lleva a la voluntad de mejorar el compromiso. Sigue existiendo el deseo y voluntad de estar con el otro. Normalmente no solo se quiere salvar la situación, sino que se quiere mejorar, seguir creciendo en el amor a partir de los recuerdos felices vividos por los dos.

Para poder hacerlo, es necesario pararse a reflexionar sobre los hechos que han ocasionado que algo se rompa. Hay que dialogar. El dialogo, una vez más, es el instrumento para seguir amándose. Hay que partir de la realidad, juzgar las actitudes vividas y adoptar u n propósito para superar las situaciones dolorosas ya vividas.

Es indispensable para evitar la ruptura, el querer hacerlo, actuar dentro de un marco positivo, de recuperación y de esperanza. Es necesario volver a tener ilusión por el proyecto de pareja que un día se construyó. A partir de aquí, se estará en condiciones de evitar la ruptura.

Superar las fisuras no siempre es fácil, pero merece la pena en la mayoría de los casos renovar el proyecto que un día se construyó, sobre la base del conocimiento que ya cada uno tiene del otro, el amor que se ha vivido y que sigue existiendo entre los dos y el perdón que tras las heridas causadas se han concedido.

domingo, 3 de mayo de 2009

LA FUERZA DEL AMOR

La familia española está sufriendo una serie de cambios que no sabemos qué consecuencias tendrá en el futuro. La inestabilidad en que se encuentran muchos matrimonios, la facilidad con que se rompen, son aspectos preocupantes.

Es frecuente oír decir que el matrimonio es una cuestión de amor. Si se acaba el amor, se acaba el matrimonio. Depende de lo que se entienda por amor. Si por amor entendemos el enamoramiento, este por muy maravilloso que sea, es demasiado frágil y quebradizo. Basar el amor exclusivamente en los sentimientos es trivializar el matrimonio. Los sentimientos cambian continuamente dependiendo de muchos factores: cansancio, estrés, estados de ánimos...

Es evidente que los sentimientos están relacionados con el amor y también es cierto que el crecimiento en el amor, necesita un buen clima emocional. Sería por tanto fatal identificar amor con sentimientos. Pero sería igualmente fatal para una relación amorosa la ausencia de sentimientos cálidos y afectuosos que apoyen el amor. El enamoramiento es el principio, el empujón, es la chispa que inicia un proceso que paulatinamente ha de dar paso a la maduración del amor, al AMOR con mayúsculas.

El verdadero amor es aquél que es entendido más que como mero sentimiento, como un encuentro que implica la voluntad y el entendimiento. (Deus Caritas est 17) El amor conyugal conlleva el comprender al otro, compartir sus preocupaciones y sus proyectos, buscar su bien y su felicidad, alegrarse con él, sufrir con él, crecer con él, entregarse del todo a él.

El amor conyugal es reciproco, es acogida y entrega a una persona a la vez que esa persona te acoge y se entrega a ti. Es el amor que ama del todo al otro y a la vez cuenta con todo el amor del otro, confía y se apoya en el otro y, a pesar de las dificultades que van surgiendo a lo largo del tiempo, se mantiene ilusionado y comprometido.

Este amor no nace por inercia, hay que ir construyéndolo día a día. Cuando una persona se va llenando de amor no solo crece su capacidad de amor hacia el otro, sino también su capacidad de amar. El amor pide siempre respuesta, pero el cónyuge se puede encontrar con que la persona amada no responde como él esperaba, pudiendo sentirse traicionado, decepcionado, no correspondido porque no encuentra una respuesta en la persona amada. La vida matrimonial exige una actitud de comprensión de la debilidad del otro, de paciencia, de disponibilidad para la reconciliación. Casarse con una persona es estar dispuesto a perdonarle siempre, todas las veces que sea necesario y olvidar la ofensa. La infidelidad, el enfriamiento, la ruptura no es algo que sucede de pronto, de manera imprevista. Es siempre algo que se viene gestando día a día cuando la relación se va contaminando de egoísmo, pequeñez, resentimientos, interés, venganzas, rechazos…

Sólo por la fuerza del AMOR se llegará a realizar el proyecto de matrimonio y familia feliz gestado y soñado en lo más profundo de dos personas que deciden compartir sus vidas para siempre.